martes, 30 de marzo de 2010

Dios, el alcahuete

Imaginemos por un momento que Dios existe. Y existe en su versión católica, por lo que se puede platicar con él, pedirle favores, decirle que no se pase, etc. etc. etc. Y como Dios es Amor, es bien banda y se preocupa por que estemos muy bien y aprendamos mucho, aunque eso a veces signifique hacer cosas bien malditas que no conprendemos.
Entonces, uno va por la vida queriendo encontrar el amor, porque es lo que le han dicho que se debe de tener para ser feliz y, con este objetivo en mente, muestra su corazoncito a diestra y siniestra, hasta que algún incauto decida que somos y estamos padres, y se quede con nosotros. ¿Qué sigue? Agradecerle a Dios por haber creado las circunstancias ideales en las que se dio el encuentro, ya sin mencionar agradecerle por todo lo demás (creación del universo, evolución del mono al hombre, comunidad primitiva, revoluciones burguesas, la independencia de México, el terremoto del 85, las escuelas privadas, los legionarios de Cristo, el internet...).
A veces, este Dios (tan humanizado) nos prueba. Por ejemplo, observa a su creación, llamémosle "Niña", y decide que ya es tiempo de darle una probadita de lo que es el amorts, así que envía a "Gato" a cumplir su misión. Gato es guapo, popular, divertido, atlético, ingenioso, fuerte y hábil con las palabras. Gato también es, por otro lado, infiel, mentiroso, machista, cobarde, inseguro y una larga lista de etcéteras. Después de algún tiempo, lo de Gato y Niña no furula por obvias razones, y se separan para no volverse a ver jamás. Dios, que observó todo esto mientras se comía unas palomitas, decide que debe compensar a Niña por haberle mandado a alguien tan indispuesto para el amoggg, así que decide enviar a "Cocodrilo", un ser taaaaaan diferente al anterior, que Niña no puede creerlo. Cocodrilo es sincero, inteligente, dulce, muy dulce!, comprensivo, fiel, leal y detallista, pero lo más importante es que cree que Niña es una cosa sin igual. Ah, pero Dios y sus bromas... algo pasa que Niña y Cocodrilo no encajan del todo. Algo falta, ¡algo tan importante!
Niña quiere hacerle llegar un mensaje a Dios, el responsable de todo todo todo lo que pasa: Si quieres que me rife, me rifaré!!!

p.d 1: María, sé que serás la única que entenderá este post. Espero tus risas...
p.d 2: Ya podemos dejar de imaginar que Dios existe.


jueves, 18 de febrero de 2010

Moon and moon


When I get home, down in the jungle
where's my bear to lick me clean?
Feed my soul milk and honey...


martes, 9 de febrero de 2010

Nota mental

Si soy mala para algo, es para permanecer como un misterio a los ojos de algún interés amoroso (bueno, ya ni siquiera eso, físico nada más).
Mi impaciencia no me deja quitarme las capas lentamente. No, me las arranco todas de una vez.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Novatada

Hoy recibí mi primer pago, fruto de mis pininos en el mundo de la corrección de estilo.
La verdad es que no tengo idea de lo que hago, pero duermo tranquila porque hasta ahora, me he entregado al trabajo con la misma pasión y entusiasmo que si estuviera en África, cubriendo alguna guerra.
Como dice mi papá, nadie te regala $325 pesos.

martes, 2 de febrero de 2010

A promise

I have to make a promise. I need it to be written, so whenever I feel like quitting or giving up, seeing it here will remind me that I'm committed to do it, no matter what.
I wanted to see you, and it's done.
I wanted to call you, and I did.
So no more of those wishes.
I did what I wanted to do, when I wanted to do it, and that must be enough.
There's no point in meeting up with you, or have a talk.
There's nothing to discuss.
Deep down inside, we know what the deal is, and if you don't know it I don't care. What you think belongs to you and I cannot judge it or change it.
It's done for good, so tonight I'm making this promise to myself.
No more phone calls, no more texts, no more emails, no more messages, no more facebook stupid shit, no more you.
I saw you, and you haven't changed that much, so I won't be missing out on anything if I don't see you ever again.
I just wanna be alright, all by myself. And I'm gonna make it happen.
Enough with the trying, I need to DO it.
This is me saying goodbye.

domingo, 31 de enero de 2010

Hoy es...

El departamento despedía un olor desagradable. No había hecho la limpieza en semanas. La cocina estaba llena de trastes sucios, un cartón de jugo estaba tirado en el piso, el refrigerador estaba mal cerrado y adentro se pudría un queso junto a una caja de leche light, que nunca se iba a tomar pero que decidió comprar por su obsesión con la gordura. La sala estaba llena de botellas de cerveza, revistas, películas y ceniceros. Una caja de pizza se asomaba debajo del sillón. El baño tenía cabellos en el piso, la taza se veía sucia y el espejo tenía cientos de gotitas que obstruirían la visión del que quisiera mirar su reflejo.
Su cuarto no era diferente. En el buró junto a su cama había otro cenicero, lleno de bachas. Las paredes de la habitación, antes tapizadas con posters y fotos, sólo mostraban la pintura violeta que nadie había retocado en años. Sobre el escritorio estaba su computadora, oculta entre varias tazas de té que se olvidó de llevar a la cocina.
Ella estaba durmiendo en la cama, con las cobijas revueltas sobre su cuerpo desnudo. El enclaustramiento al que se había sometido sirvió de algo, ya no tenía el prominente estómago que la atormentaba. La pérdida de peso la había secado, sus senos ya no eran deseables, ahora colgaban inertes sin que alguien los hubiera tocado en meses. La blancura de su piel dejó de ser agradable, pues se convirtió en una pálidez permanente que le daba un aspecto enfermo. Su cabello estaba muy largo y desaliñado, hacía meses que no lo cortaba.
Una corriente de aire frío la hizo despertarse. Abrió los ojos, confundida y amodorrada. No sabía qué hora era. Después de unos minutos, se miró en el espejo que tenía colgado al lado de la puerta. No estaba segura de si en algún momento se le quitarían esas ojeras. Pensó que nunca antes se había visto tan patética. Percibió el olor a mugre que emanaba de su departamento y sintió vergüenza. Silenciosamente y sin que lo notara, algo se transformó.
Abrió su computadora y recordó lo que había estado haciendo la noche anterior, revisando mails de familiares y amigos que estaban preocupados por ella hasta que se hartaron de no recibir respuesta y dejaron de buscarla. El dolor de cabeza era tan fuerte que pensó en fumarse un porro para quitárselo, pero decidió que, al menos ese día, no lo iba a pasar apendejada.
Se puso una camiseta encima evitando mirarse en el espejo nuevamente. Quiso sacar unos calzones limpios del cajón, pero ya no tenía. Se puso el pantalón de la pijama y salió del cuarto. El tufo del lugar le pegó de lleno en la nariz. Fue a la cocina, sacó una bolsa de basura de la alacena y tiró absolutamente todo lo que encontró a su paso. Platos, ceniceros, vasos, envolturas, cajas, sobras de comida, cd's, papeles y botellas de cerveza fueron a dar al contenedor que habían puesto en el primer piso de ese edificio descuidado y gris.
Cuando regresó a su departamento se detuvo un momento en la puerta y lo observó detenidamente. Hacía mucho que no tenía contacto con otro humano, quién sabe por cuánto tiempo se había encerrado. Sin haber hablado en días, carraspeó y pronunció su nombre en voz alta. Después pronunció el de él.
Se sintió miserable y decepcionada. Estaba asombrada por su estado de deterioro. Había envejecido tanto desde que todo había pasado...
Decidió que no podía continuar así. El panorama de que podría morir en ese estado tan poco decoroso la asqueó. Recordó súbitamente que su cumpleaños sería la próxima semana. Quiso hacer algo por ella.
Lentamente, abrió todas las ventanas de su departamento. Los días nublados de junio siempre le habían gustado.
Trató de lavarse la cara en el lavabo, pero estaba asqueroso. El chorro de la regadera salió débilmente, y se acordó que tenía que pagar el agua. No había jabón, así que se enjuagó la cara y las axilas, consciente de que necesitaba salir de una vez aunque fuera para conseguir todos los víveres que hacían falta en su casa.
Fue a su cuarto y levantó unos pantalones de mezclilla del piso, revisó las bolsas y encontró una moneda de 5 pesos. Lo suficiente como para realizar una llamada, pensó. Se recogió el cabello en una cola, se puso unos lentes que ocultaran su rostro demacrado y se fue, azotando la puerta.