Como un acontecimiento sin precedentes, las cuatro mujeres que conformamos la familia Sánchez Salas decidimos ir a terapia grupal. La verdad es que durante muchísimos años nos fue difícil comunicarnos. Las palabras no fluían entre nosotros. Yo, por ejemplo, siempre terminaba con un nudo en la garganta y con la sensación de que no había dicho nada de lo que tenía planeado. Resultaba incómodo expresarnos, nos ganaba la vergüenza. Frases cariñosas estaban reservadas para ocasiones muy especiales, quizás Navidad y Año nuevo.
De un tiempo para acá, todos hemos hecho un esfuerzo por cambiar esta situación, y fue sorprendente ir descubriendo en cada plática, más y más dolores individuales. Definitivamente todas necesitábamos desahogarnos, por lo que acudimos el sábado al mediodía con una terapeuta familiar que nos pidió presentarnos y explicar por qué estábamos ahí.
En pocos minutos comenzó el lloradero, y al estar en un espacio neutral, nos aventamos a decir sin rodeos las preocupaciones, molestias y cualidades que nos afectan de manera profunda, aunque a veces digamos lo contrario.
Por lo pronto, me quedó muy claro que mi adicción lastima a las cuatro personas que más quiero, que caigo en incongruencias a cada momento y que la forma de ser de mi papá, quien por cierto se negó rotundamente a acompañarnos, me ha confundido y conflictuado desde que era una niña.
Esto se va a poner denso, pero no retiramos lo dicho. Venga, familia.
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miércoles, 28 de agosto de 2013
lunes, 6 de agosto de 2012
A mi hijo
Primero decía que sí quería tener hijos, luego que no. Ahora que tengo 25 años, una edad digamos "adecuada" para tomar más en serio esa clase de decisiones, no sé qué pensar. Desde que mi hermana y algunas amigas se casaron, no he parado de pedirles, a la menor provocación, que me den un sobrino. Un humanito al cual comprarle ropa y zapatos el triple de adorables que los de tamaño normal. Un cabezón babeante y alegre, sin prejuicios ni miedos ni odios ni tristezas. Un genio potencial.
Eso me llevó a pensar que tal vez, sólo tal vez, realmente me gusten los bebés. Quizá hasta podría tener el mío, y algún lejano día, cuando ya sea grande y autosuficiente, mostrarle esta "carta".
Querido hijo: Siempre quise que fueras niño. Las niñas la verdad no me caen muy bien, y además dicen que los hombres siempre son más apegados a las mamás. Sabes? todos los adultos se la pasan diciendo que ser papá es lo mejor del mundo, pero no les creas. Con el tiempo descubrirás que mienten a cada oportunidad. Y no es que no te quiera, al contrario, seguramente serás lo más preciado que haya en mi vida, pero ¿te das cuenta a dónde veniste a parar? Tienes una mamá muy inestable. Perdóname, pero tu presencia no cambió eso, más bien lo acentuó. Los miedos que tienen todos los padres primerizos se vuelven extremos por mi caguengue naturaleza. Y aunque siempre me ha gustado pensar que podría ser una mamá muy relajada, no descartes la palabra "sobreprotección" de tu vocabulario. Ay hijito, ¿qué tal si sales malo para la escuela? no, no, ya me adelanté mucho. ¿Qué tal si no quieres hablar, si no puedes avisar cuando quieras ir al baño, si tu caminar torpe nunca se compone? ¿qué pasaría si naces con alguna enfermedad? De entrada, tu llegada al mundo va a ser más traumática de lo normal, pues los partos naturales están descartados para mi. Un señor con un cuchillo me va a abrir la panza y te va a sacar aunque tú te resistas con todas tus fuerzas. Y quién sabe si te veré con ojos de amor cuando te muestren ante mi lleno de sangre y otros fluidos de dudosa composición, será hasta que te limpien y encobijen que tendremos nuestro primer momento a solas, y ya me veo intentando cargarte torpemente para que no se te lastime la mollera. Pasado el primer encuentro, tu papá y yo, si es que no resulta un pelmazo, haremos nuestro mejor esfuerzo porque tengas una vida feliz. Y comenzará el difícil proceso de educarte, alimentarte y crearte hábitos. ¿Sabías que tu mami es adicta al azúcar? ¿sabías que la lechuga es la única verdura que consumo con cierta regularidad? ¿sabías que mi comida favorita son las hamburguesas acompañadas de una malteada? ¿Cómo alimentarte sanamente cuando yo soy una versión moderada de Homero Simpson? Ah, por cierto, nunca me interesó aprender a cocinar. De ahí que todas las noches comas quesadillas. Ay, bebé, ¿qué va a pasar si eres gordito? Yo, definitivamente, no quiero que sufras, y déjame decirte de una vez que la gente gorda sufre más que cualquiera. Esa es una verdad U-NI-VER-SAL, y aunque yo trate de ocultarla con palabras cariñosas y apodos chistositos, algo dentro de ti no te permitirá sentirte bien. Y yo puedo ser como mi papá, o sea tu abuelo, y recordarte todos los días que cuando dejes de estar gordito estarás más bonito, o puedo ser como mi mamá, tu abuela, y defenderte de los que te atacan, dejarte comer lo que quieras para que te sientas libre. Como sea, ya lo veo venir, en el futuro me culparás de tus traumas, asi que la opción que elija es lo de menos. Y cuando entres a la escuela, no podré evitar molestarme si no sacas diez. Y es que, ¿cómo no vas a poder, si yo pude? Prepárate para la presión. Me agobia escribir todo esto y pensar en los cientos y cientos de detalles que estoy omitiendo. Por ejemplo, ¿qué va a pasar cuando me preguntes por las drogas y yo tenga que contarte que fui una ferviente consumidora durante algunos años? ¿Serás más razonable que yo u optarás por la rebeldía? ¿Sentiré igual de feo que mi mamá el día que encontró mis pipas cuando encuentre las tuyas? ¿Me asomaré por la ventana, como lo hizo mi papá, al verte salir luego de oler la marihuana en tu cuarto? ¿Cómo hacerte entender que eso es malo cuando yo lo hice durante tanto tiempo? ¿Qué ejemplos te voy a dar? ¿Con qué calidad moral podré educarte? ¿Serás cariñoso y noble con los que te rodean o serás más bien burloncito como tu madre? ¿Podré darte ejemplos de sano amor y fidelidad mientras intento perdonarme por tantos errores cometidos? ¿Serás una persona de bien? Y si no lo eres, ¿es culpa mía? Lo siento mucho, hijo, te lo digo desde ahorita. Por favor perdóname si soy una mala madre. Que mi PREocupación sea una prueba de lo mucho que medité antes de traerte a este mundo para amarte a pesar de mi desastrosa personalidad. Pase lo que pase, acá te espero. Con mucho mucho amor e innegable angustia, Tu mamá.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Recuerdos de la infancia pt. 2
Hoy quiero compartirles (jajaja eso sonó como a Chepina o algo así) un recuerdo de la infancia menos alegre que el de la vez pasada.
En cuarto de primaria, tenía una amiga llamada Ximena. Ximena no se caracterizaba por su simpatía ni por su belleza, era una niña normal. Un día, para la clase de español, teníamos que hacer la descripción de alguno de nuestros compañeritos. Yo la elegí a ella, pero contrario a lo que pueden pensar, no la elegí por ser mi mejor amiga ni mucho menos, la elegí para burlarme públicamente de sus defectos. Y recuerdo muy bien que como yo le caía harto bien a la maestra y a los compañeritos, todos me animaron para que leyera en voz alta mi descripción. A la fecha no puedo entender porqué no dije a la mera hora "no, esperen, tengo que cambiarle algunas cosas" o "mejor alguien más y ahorita yo", etc. No. Dije "bueno" y hasta me paré. Comencé "Ximena es una niña flaquita que tiene los ojos de sapo, es morena como sin chiste y tiene el cabello corto y negro..." La risa de todos no se hizo esperar y decidí voltear a donde estaba Ximena. Creo que esa fue la primera vez que alguien me miró con odio (y que yo lo noté). Ella se reía con todos pero sus ojos eran, literalmente, como dos pistolas. Terminé mi descripción diciendo algo así como "Pero aún así, con todos estos defectos, es mi mejor amiga y la quiero mucho" y no puedo entender por qué, pero todos me ovacionaron. La gente se divirtió con la crueldad alevosa que yo utilicé! Ni siquiera la maestra me miró reprobatoriamente, al contrario, me miraba muy divertida. Después le tocó el turno a Ximena, que en cinco minutos reescribió su descripción, para que se adecuara a las circunstancias. "Liliana es una niña enorme que pesa como 58 kilos y nunca se peina..." nuevamente, las risas de todos. Yo no sabía como reaccionar, pero en unos segundos decidí que lo mejor sería reirme al igual que ella. Amigos y enemigos disfrutaban con esta nueva lectura llena de crueldad (créanme, yo estaba completamente consciente de que pesaba como 15 kilos más que las niñas normales, y que también medía como 15 cm más, no necesitaba que nadie lo expusiera; al igual que ella no necesitaba que nadie señalara sus ojos saltones cuando todo mundo sabía que estaban ahí), la maestra continuaba divertida, Ximena fue igualmente ovacionada. Creo que si nos hubiéramos peleado a golpes, nadie nos detendría, más bien se pondrían a gritar "sangre! sangre!". En ese pequeño salón de 4to A, de la primaria Josué Mirlo, me di cuenta un poco de cómo era el mundo (y la gente). De cómo era yo y porqué si Ximena no me había hecho nada, yo decidí humillarla públicamente. Es cierto que los niños pueden ser muy crueles, pero chale! pobre de ella, definitivamente no se merecía semejante gandallez de mi parte. Espero que actualmente, no recuerde este incidente.
Ven? les dije que no sería tan alegre como el anterior...
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