Esta incomodidad se está volviendo insoportable.
Me siento ajena a todo y a todos. A mi misma también. Todo se siente distante.
"Valiendo verga" nunca fue más adecuado.
domingo, 27 de marzo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
Coming clean
So the bad news just kept coming and coming. Now that I look at it from the distance, it doesn't seem that big, but three weeks ago, I was overwhelmed. The thing was, I didn't really feel like talking about it with anyone, so I was anxious and worried all the time. Then I got to talk to some friends, and I felt better, but I was still deeply concerned about how things would end.
One saturday afternoon, my parents told me they wanted to talk to me, and I could imagine what the subject was going to be.
At first we were all tense, but as I kept talking openly about my permanent depression, my constant use of marihuana, my eternal low self esteem and so on, I felt liberated. It was so weird to be so honest about such personal issues, and even weirder, to share them with your parents. The best thing was they acted like the best parents in the world. They cared more about me going back to therapy and stuff than about me quitting. But they didn't have to, you know? because I had quit like a week and a half before that. I love smoking pot, I'm not gonna lie, but I think it had become like a sedative to me, since I smoked it every day to kill stress and pressure. I was starting to forget things, I got lazy and I also gained weight because of the munchies. Everything around me had something to do with 420. And now that I haven't smoked for like a month, I feel fine. It's not like it has changed my life forever, but I definitely thing this is not a good time for me to be smoking. And not only because of the lack of motivation and the loss of my short term memory, but also because of my health.
Now, if I feel numb, it's because that's my natural state, not because of me using external factors.
I guess going back to therapy could be really useful right now, I'm also working on it. But I don't know, I can't help to think I'm always going to need help to feel at peace. I wish I could find out what's wrong with me, in the deepest layers of my mind or whatever. Why do I always feel sad? Why do I think my life is so fucking boring?
One saturday afternoon, my parents told me they wanted to talk to me, and I could imagine what the subject was going to be.
At first we were all tense, but as I kept talking openly about my permanent depression, my constant use of marihuana, my eternal low self esteem and so on, I felt liberated. It was so weird to be so honest about such personal issues, and even weirder, to share them with your parents. The best thing was they acted like the best parents in the world. They cared more about me going back to therapy and stuff than about me quitting. But they didn't have to, you know? because I had quit like a week and a half before that. I love smoking pot, I'm not gonna lie, but I think it had become like a sedative to me, since I smoked it every day to kill stress and pressure. I was starting to forget things, I got lazy and I also gained weight because of the munchies. Everything around me had something to do with 420. And now that I haven't smoked for like a month, I feel fine. It's not like it has changed my life forever, but I definitely thing this is not a good time for me to be smoking. And not only because of the lack of motivation and the loss of my short term memory, but also because of my health.
Now, if I feel numb, it's because that's my natural state, not because of me using external factors.
I guess going back to therapy could be really useful right now, I'm also working on it. But I don't know, I can't help to think I'm always going to need help to feel at peace. I wish I could find out what's wrong with me, in the deepest layers of my mind or whatever. Why do I always feel sad? Why do I think my life is so fucking boring?
sábado, 12 de febrero de 2011
Mala racha
Estas últimas semanas han estado llenas de malas noticias. Es como si las consecuencias de todo lo que he hecho mal, me estallaran en la cara.
Me hice una limpia. Aparte del olor a copal, se quedaron conmigo dos caracolitos. Los voy a traer conmigo, siempre.
Me hice una limpia. Aparte del olor a copal, se quedaron conmigo dos caracolitos. Los voy a traer conmigo, siempre.
Reabriendo ciclos
En el primer semestre de la carrera. conocí mucha gente que, en poco tiempo, desapareció de mi vida. Entre ellos estaba Eder. Alto, delgado y con unos ojotes, me gustaba. Después de vernos diariamente durante algunas semanas, comenzamos a confesarnos traumas, deseos y recuerdos. Nuestra amistad fue más bien extraña. A pesar de ser un poco amanerado, había algo en él que me atraía muchísimo. Tiempo después ocurrieron algunos hechos incómodos que comenzaron a alejarnos, hasta que terminamos por ignorarnos. Me quedé con una mala impresión de él. Dejé de verlo algunos semestres, pues se mudó a España, ya que jugaba futbol. El "reencuentro" fue breve, algún saludo y una plática intrascendente. Años después, cuando yo ya había entrado a trabajar, lo vi un par de veces afuera de los eventos que yo cubría. Al principio sólo nos saludábamos de lejos, pero hace poco, creo que la semana pasada, llegué a un evento dónde sólo estaba él, recargado en una mesa, platicando con su fotógrafo. Llevaba una playera amarilla y unos jeans, con tenis. Decidí platicar con él, movida por un interés que no sé de donde vino. Al principio fue puro blablabla. Regresó de España, vivió en Argentina, colabora en Chilango, reportea para Notmusa, se lastimó las rodillas, superó una enfermedad. Cuando le pregunté cuál, y me respondió que leucemia, me entristecí. Después le pregunté más y más cosas al respecto, y sorprendentemente, contestaba todo sin ningún tipo de incomodidad. En dos momentos particularmente escabrosos de la plática, le dieron ganas de llorar. No sé porqué, pero a mi también. Lo tenía enfrente, hablando de eso como si nada, a pesar de que había estado a punto de morir. Como todos los enfermos de este mal, bajó de peso, se le cayó el cabello, tenía dolores insoportables, pero lo superó. Escribió un libro y oh sorpresa, me dijo que había un pequeño apartado sobre mi. Ahí me di cuenta de que probablemente habíamos sido más importantes de lo que pensábamos. Casi al final terminamos hablando de nuestra amistad relámpago, y porqué había terminado, si en realidad nos apreciábamos. Se sintió bien, me gustó decirle que me daba miedo su mirada con cierta malicia, y me gustó que me dijera que aún recuerda detalles como el mcdonalds, mi viejo celular, el ratoncito que usaba en la mochila, la ropa que traía el día que nos conocimos... Le pedí su teléfono y nos dimos un abrazo, un abrazo que selló el nuevo trato. Tengo un nuevo amigo.
lunes, 17 de enero de 2011
2 momentos agridulces
Hubiera preferido nombrarlo "2 agrios momentos", pero es un título muy pesimista.
La verdad es que la pasé muy bien, no obstante esos chispazos de un dolorcito que no es bueno sentir muy seguido.
El primero tuvo que ver con mi edad.
-¿Cuántos años tienes? ¿26?-
-NO!-
-¿27?-
-Noo!-
-¿28?-
-No- (ya con una expresión de derrota en el rostro)
-¿29, 30?
-No, tengo 23.-
-¿En serio? ¿23?, no no pero yo recuerdo que la vez pasada que nos dijiste tu edad, algo habías comentado de 27 ó 28.-
-Sí, "comenté" que tenía 23 y que se me hacía muy jodido ya parecer de 27 ó 28.-
-Ah-
Durante unos días, estuve viendo fotos de modelos y atractivas celebridades que se encontraban en su mejor momento. Minutos después, fotos de los mismos artistas, ya viejos, aparecían en los buscadores. No lo podía creer. Gente que había sido tan hermosa ahora se mostraba llena de arrugas, de bolsas, sin cabello, sin firmeza en la piel, sin dientes, sin ese "algo" que los había hecho brillar.
-Diablos- pensé, -si ellos que eran tan atractivos, así se ven de viejitos, ¿cómo me veré yo?-.
Y luego esas incómodas experiencias de estar convenciendo a todos de mi edad.
¿Ya me veo vieja? No me chinguen.
El segundo estuvo fuera de nuestras manos. Nuestra caminata nos llevó a un costado del hospital, donde una niña lloraba interminablemente porque había muerto su papá. Lo sé porque cuando pasamos al lado de la familia, su abuela o su madre, no estoy segura, la abrazaba y la mecía, mientras le susurraba -Papá ya no sufre más-. Recordé entonces el miedo que tengo a que se muera mi padre.
¿Y lo dulce? Esos ojos, ese lunar, esa sonrisa.
La verdad es que la pasé muy bien, no obstante esos chispazos de un dolorcito que no es bueno sentir muy seguido.
El primero tuvo que ver con mi edad.
-¿Cuántos años tienes? ¿26?-
-NO!-
-¿27?-
-Noo!-
-¿28?-
-No- (ya con una expresión de derrota en el rostro)
-¿29, 30?
-No, tengo 23.-
-¿En serio? ¿23?, no no pero yo recuerdo que la vez pasada que nos dijiste tu edad, algo habías comentado de 27 ó 28.-
-Sí, "comenté" que tenía 23 y que se me hacía muy jodido ya parecer de 27 ó 28.-
-Ah-
Durante unos días, estuve viendo fotos de modelos y atractivas celebridades que se encontraban en su mejor momento. Minutos después, fotos de los mismos artistas, ya viejos, aparecían en los buscadores. No lo podía creer. Gente que había sido tan hermosa ahora se mostraba llena de arrugas, de bolsas, sin cabello, sin firmeza en la piel, sin dientes, sin ese "algo" que los había hecho brillar.
-Diablos- pensé, -si ellos que eran tan atractivos, así se ven de viejitos, ¿cómo me veré yo?-.
Y luego esas incómodas experiencias de estar convenciendo a todos de mi edad.
¿Ya me veo vieja? No me chinguen.
El segundo estuvo fuera de nuestras manos. Nuestra caminata nos llevó a un costado del hospital, donde una niña lloraba interminablemente porque había muerto su papá. Lo sé porque cuando pasamos al lado de la familia, su abuela o su madre, no estoy segura, la abrazaba y la mecía, mientras le susurraba -Papá ya no sufre más-. Recordé entonces el miedo que tengo a que se muera mi padre.
¿Y lo dulce? Esos ojos, ese lunar, esa sonrisa.
domingo, 2 de enero de 2011
Revelaciones
Hasta hace unos minutos, estaba escribiendo un post larguísimo sobre mis vacaciones en Oaxaca.
Decidí borrarlo. No importa transcribir los recuerdos porque los tengo bien guardados en la memoria.
Un viaje tan grande no se olvida fácilmente.
Sus ojos grandes y oscuros, con cejas negras negras y pestañas largas largas. Esa sonrisita que capté en video.
La nariz del Negro. Su nariz y sus fotos y su facilidad para hacer amigos.
La voz dulce y suave de aquel chico sabelotodo. El lunar inusual en su cara. La tranquilidad que transmite, por la que me daban ganas de abrazarlo todo el tiempo.
La güera contenta de que hubiera gente en su casa cuando llegaba del trabajo. El miedo a la soledad.
El sol y el viento y el cielo nocturno. Las nubes rojas y los borregos de Monte Albán. El calor y la humedad de Mitla, el mercado de Tlacolula, con su tepache rabioso que nos embriagó un poco. Los alebrijes, ese oso con mil puntos de colores, el conejo con orejas larguísimas y brillantes. La joyería jipiteca que siempre termina gustándome. Las bolsas de todos tamaños con motivos alegres. Las aguas de fruta del mercado. El asadero como una copia exacta de lo que pasaba hace cientos de años. Las canastitas y bolsitas tejidas por una viejita con poquísimos dientes.
Mojitos y fresas. Piojito, baile y salsa. Fumar. Dos bocas distintas. Otra vez Santo Domingo.
La casa de un pintor famoso, realmente envidiable. La terraza con vista a las montañas, que cierta francesa recorrió en segundos. Esos ojos misteriosos. El negro hablando de amor y fidelidad. Los tragos de mezcal que me pasé con cerveza, sal y naranja. La rocola con puras canciones nuestras. Las promesas de amor entre un oaxaqueño y la güera. Las tlayudas en la calle, con esa carne tan rica y muy buena compañía.
Monte Albán. Inmenso e impresionante, pero siempre pacífico. La caminata silenciosa que agradezco. Pensar en esos ojos. Después, café con el negro y paquito. Nuestro último día.
Una llamada que hace que me cague en la leche. Órdenes, trabajo y estress.
Infinita tristeza.
Empacar con atención, cuidando de no olvidar nada.
El taxi con el francés, y los castillos en la plaza de la danza. Esos globos que me llenaban de una sensación agridulce. La despedida del negro, y esos ojos otra vez. La entrega de lo pedido, tarde y en abundancia.
La fiesta más larga de mi vida, por puros nervios.
El momento terrorífico en el camión, que logré librar sin problemas.
Un poco de llanto secreto.
Y después de todo esto, me siento mejor. Aliviada, curada. Segura de que seguiré encontrando más gente buena en el camino. Solitarios como yo. Lo veo como un gran respiro que me llenó de agua calientita el corazón.
Oaxaca, diciembre 2010.
Decidí borrarlo. No importa transcribir los recuerdos porque los tengo bien guardados en la memoria.
Un viaje tan grande no se olvida fácilmente.
Sus ojos grandes y oscuros, con cejas negras negras y pestañas largas largas. Esa sonrisita que capté en video.
La nariz del Negro. Su nariz y sus fotos y su facilidad para hacer amigos.
La voz dulce y suave de aquel chico sabelotodo. El lunar inusual en su cara. La tranquilidad que transmite, por la que me daban ganas de abrazarlo todo el tiempo.
La güera contenta de que hubiera gente en su casa cuando llegaba del trabajo. El miedo a la soledad.
El sol y el viento y el cielo nocturno. Las nubes rojas y los borregos de Monte Albán. El calor y la humedad de Mitla, el mercado de Tlacolula, con su tepache rabioso que nos embriagó un poco. Los alebrijes, ese oso con mil puntos de colores, el conejo con orejas larguísimas y brillantes. La joyería jipiteca que siempre termina gustándome. Las bolsas de todos tamaños con motivos alegres. Las aguas de fruta del mercado. El asadero como una copia exacta de lo que pasaba hace cientos de años. Las canastitas y bolsitas tejidas por una viejita con poquísimos dientes.
Mojitos y fresas. Piojito, baile y salsa. Fumar. Dos bocas distintas. Otra vez Santo Domingo.
La casa de un pintor famoso, realmente envidiable. La terraza con vista a las montañas, que cierta francesa recorrió en segundos. Esos ojos misteriosos. El negro hablando de amor y fidelidad. Los tragos de mezcal que me pasé con cerveza, sal y naranja. La rocola con puras canciones nuestras. Las promesas de amor entre un oaxaqueño y la güera. Las tlayudas en la calle, con esa carne tan rica y muy buena compañía.
Monte Albán. Inmenso e impresionante, pero siempre pacífico. La caminata silenciosa que agradezco. Pensar en esos ojos. Después, café con el negro y paquito. Nuestro último día.
Una llamada que hace que me cague en la leche. Órdenes, trabajo y estress.
Infinita tristeza.
Empacar con atención, cuidando de no olvidar nada.
El taxi con el francés, y los castillos en la plaza de la danza. Esos globos que me llenaban de una sensación agridulce. La despedida del negro, y esos ojos otra vez. La entrega de lo pedido, tarde y en abundancia.
La fiesta más larga de mi vida, por puros nervios.
El momento terrorífico en el camión, que logré librar sin problemas.
Un poco de llanto secreto.
Y después de todo esto, me siento mejor. Aliviada, curada. Segura de que seguiré encontrando más gente buena en el camino. Solitarios como yo. Lo veo como un gran respiro que me llenó de agua calientita el corazón.
Oaxaca, diciembre 2010.
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