domingo, 2 de enero de 2011

Revelaciones

Hasta hace unos minutos, estaba escribiendo un post larguísimo sobre mis vacaciones en Oaxaca.
Decidí borrarlo. No importa transcribir los recuerdos porque los tengo bien guardados en la memoria.
Un viaje tan grande no se olvida fácilmente.
Sus ojos grandes y oscuros, con cejas negras negras y pestañas largas largas. Esa sonrisita que capté en video.
La nariz del Negro. Su nariz y sus fotos y su facilidad para hacer amigos.
La voz dulce y suave de aquel chico sabelotodo. El lunar inusual en su cara. La tranquilidad que transmite, por la que me daban ganas de abrazarlo todo el tiempo.
La güera contenta de que hubiera gente en su casa cuando llegaba del trabajo. El miedo a la soledad.
El sol y el viento y el cielo nocturno. Las nubes rojas y los borregos de Monte Albán. El calor y la humedad de Mitla, el mercado de Tlacolula, con su tepache rabioso que nos embriagó un poco. Los alebrijes, ese oso con mil puntos de colores, el conejo con orejas larguísimas y brillantes. La joyería jipiteca que siempre termina gustándome. Las bolsas de todos tamaños con motivos alegres. Las aguas de fruta del mercado. El asadero como una copia exacta de lo que pasaba hace cientos de años. Las canastitas y bolsitas tejidas por una viejita con poquísimos dientes.
Mojitos y fresas. Piojito, baile y salsa. Fumar. Dos bocas distintas. Otra vez Santo Domingo.
La casa de un pintor famoso, realmente envidiable. La terraza con vista a las montañas, que cierta francesa recorrió en segundos. Esos ojos misteriosos. El negro hablando de amor y fidelidad. Los tragos de mezcal que me pasé con cerveza, sal y naranja. La rocola con puras canciones nuestras. Las promesas de amor entre un oaxaqueño y la güera. Las tlayudas en la calle, con esa carne tan rica y muy buena compañía.
Monte Albán. Inmenso e impresionante, pero siempre pacífico. La caminata silenciosa que agradezco. Pensar en esos ojos. Después, café con el negro y paquito. Nuestro último día.
Una llamada que hace que me cague en la leche. Órdenes, trabajo y estress.
Infinita tristeza.
Empacar con atención, cuidando de no olvidar nada.
El taxi con el francés, y los castillos en la plaza de la danza. Esos globos que me llenaban de una sensación agridulce. La despedida del negro, y esos ojos otra vez. La entrega de lo pedido, tarde y en abundancia.
La fiesta más larga de mi vida, por puros nervios.
El momento terrorífico en el camión, que logré librar sin problemas.
Un poco de llanto secreto.
Y después de todo esto, me siento mejor. Aliviada, curada. Segura de que seguiré encontrando más gente buena en el camino. Solitarios como yo. Lo veo como un gran respiro que me llenó de agua calientita el corazón.
Oaxaca, diciembre 2010.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Miedo #2

Salí retrasada, como de costumbre. Apresurada y refunfuñando, me tomé el vaso de jugo que puntualmente me espera en la mesa todas las mañanas. "No te vas a comer la fruta?", la miré con una mezcla de ternura y hartazgo. Las mamás nunca se rinden. Después grité "Adiós" antes de azotar la puerta. Él salió corriendo atrás de mi, recordándome las indicaciones de siempre: "Maneja con cuidado eh?", "No vayas muy rápido, mejor párate más temprano mañana", "Esta es la época de los cristalazos, abusada". A todo respondí que sí, sin poner mucha atención. Me trepé al carro con la ropa echa bolas y justo cuando iba a arrancar, me di cuenta que mi papá estaba pásandole el trapo a los vidrios, perfectamente limpios. Lo miré pensando "no es necesario", y supongo que entendió, porque me dijo "nomás para quitarles el polvo y puedas ver mejor". En ese momento recordé lo mucho que lo quiero y el miedo patológico que tengo a que se muera. A que me deje sola, sin nadie que invariablemente se preocupe por mi, por mi forma de manejar, por los vicios en los que pueda andar metida, por los tipos con quienes salgo, por el mucho o poco empeño que pongo en el trabajo. Sin nadie con esa capacidad de expresarse con tranquilidad y cariño, que se transforman en ira y descontrol minutos después. Sin nadie con quien ver el futbol, ir a comprar películas pirata, llevar a reparar el auto. Nadie con quien jugar luchitas, ni practicar combinaciones de golpes o que me cargue de caballito. Nadie con ese rostro cacarizo y ese pelo ralo, que ya no puede disimular. Nadie que entre a revisar el palo de mi ventana todas las noches antes de dormir, y que pone su despertador cuando sabe que tengo que salir temprano, para que no me vaya a quedar dormida.
Muchas veces he pensado que mataría por él. Estoy segura.

domingo, 3 de octubre de 2010

El hueco de la dona

Pensaba escribir este post en inglés, pero qué mejor que mi propio idioma para escupir tanto veneno innecesario.
Las cosas no mejoran internamente, y ni siquiera me preocupo. Me he acostumbrado a la idea de la soledad acompañada de la mansión y los gatos, aunque probablemente no tenga una mansión sino un departamento comprado con el esfuerzo de un trabajo que no me enloquece, y los gatos se limiten a uno solo. Me imagino completamente independiente de todo, sin una pareja, sin una familia, sin hijos, con amigos que viven en otros países o que hacen otras cosas y de vez en cuando se reportan. Jamás había recibido tanta atención de los hombres, y me decepciona tener que desecharlos a todos por pendejos, o por lentos, o por demasiado buenos. Ninguno me convence, ninguno me crea una impresión perdurable. Son simples caras, con la misma sonrisa boba, recitando en automático las mismas palabras que ya han escuchado muchas mujeres antes que yo. Me descubro enternecida, en un mal sentido, pues tus intentos por acercarte a mi me parecen cobardes e inoportunos. Me descubro también apenada mientras mi mano sigue sobre la tuya, haciendo presión nada más, sin un ademán cariñoso implícito. La retiro cinco segundos después (tal vez fueron diez) y no vuelvo a verte a los ojos en todo el trayecto. Me sonrío al recordar tus ojos nerviosos, cuando hablas de no sé que, no estoy poniendo atención simplemente espero a que termines de hablar para imponer mi voluntad. Lo logro y días después me entero de lo mismo de siempre. Escribo nerviosa un mail cariñoso que me es respondido con un contenido proporcionalmente seco y lejano. Me pregunto si eso será suficiente para cerrar el ciclo. No, me pregunto si es verdad eso de los ciclos, y por qué todos tendríamos que hacerlo. Fumo mi pipa y me relajo, logrando alejar de golpe todos estos pensamientos y a todas estas personas.
Escucho mis palabras y me molesto conmigo misma al descubrir que estoy justificándome frente a gente que me importa un carajo. Que si tomé, que si no tomé, que si lo besé, que si no lo besé, que si dije o no dije, que si me veo mejor de una forma u otra. Déjenme decirles de una vez por todas que no me interesa. Tampoco me importan sus consejos de belleza y si me veo mejor con colores brillantes o con mi suéter negro, que los hace pensar que soy "darketa". Gente pendeja todos los días y a todas horas. Yo me pongo en modo automático, y al igual que en la universidad, todos piensan que qué chistosa soy y que qué raras están mis uñas/cara/zapatos/mallones.
Y mi gente? igual de sola que yo. La del cumpleaños, deprimida porque nadie estuvo para ella; el somnoliento, alejándose cada vez más; el artista, más confundido que nunca; el cineasta, desempleado y sin inspiración. Somos todos una gran familia de gente que no pertenece a ningún lado, o más importante, que no está yendo a ningún lado. Me caga esta condición. La ontología de la dona, le llamábamos en area IV. No obstante tus posesiones, tus amistades, tus logros, tu _______________ (escribe lo que quieras aquí), siempre sentirás que algo te falta. Te sentirás vacío y triste por nimiedades, como yo, que me siento triste porque no está conmigo, o él, que se siente triste porque nunca ha habido nadie en su vida, o ella, que tiene a alguien en su vida pero le hace falta su papá.
Jamás estaremos felices con nada.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Tormenta

Sin duda me enfrento a una de las épocas más "convulsionadas" de mi corta e inútil vida.
A veces es mejor quedarse con la duda. O tal vez nunca.
Al menos lo hice.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Cacería

Estaba asustada, pensé que terminaría irremediablemente enamorada. Ahora sé que tengo lo necesario para jugar y salir airosa. Te encontraste con la horma de tu zapato.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Still wake up in the morning thinking of you

Me siento fuerte y bella y joven.
Me gusta pensar que soy capaz de todo, de amar mi trabajo, de hacer las cosas mejor que nunca, de ser la mejor.
Ya no estoy triste.
Y aún despierto pensando en ti! no hay un día en que no te recuerde y de vez en cuando me dan unas ganas locas de correr a ver tus fotos. No lo hago, afortunadamente puedo controlarme muy bien, pero ese pensamiento inquietante no me deja.
Me gustaría hablar contigo y saber cómo estás. No hay razón, para todos aquellos que se pregunten ¿para qué? Son las simples ganas de escuchar unas palabras del ser querido.
Por otro lado, la perspectiva de que tu acostumbrada crueldad y fingida indiferencia se aparezcan, me aterra. No pienso volver a tener contacto contigo si va a ser para lastimarnos.
He dudado por semanas, y aún no logro decidirme.
¿Debería hacerlo?
AAAAAAAAHHHHHHHH