El sábado, después de la terapia familiar, pasé toda la tarde con mi papá.
Me aterra y sobrecoge que ya comienza a decir frases del tipo "Disfrútame porque me voy a ir". Y la verdad, de un tiempo para acá, es notorio su envejecimiento. Desde que lo operaron está muy delgado, ligeramente encorvado y no sé, ese toro del que me colgaba y con quien jugaba luchitas bruscamente es ahora un ser frágil a quien hay que tratar con delicadeza.
Y sí, ya sé que es el ciclo de la vida, que todos nos vamos a morir, que yo también me voy a hacer chiquita y viejita, pero no mames, es mi papá, la persona a quien más quiero en la vida.
Dejando de lado el miedo patológico que me causa pensar en su muerte, algo que me dijo mientras comíamos se me quedó muy grabado. Me pidió, como siempre, que soltara la mano, que ejercitara la pluma, que escribiera algo, lo que fuera, pero que no dejara morir ese talento que, según él, tengo. Después dijo "A mi me han recomendado que escriba todas las cosas que vivimos en el activismo, pero la verdad, con el paso de los años uno olvida muchas cosas. Queda un registro general de lo que pasó, pero ya casi no recuerdo detalles, se me borraron los nombres y las caras."
Chale, ¿por qué todo me duele?
miércoles, 28 de agosto de 2013
Desnudando a la familia
Como un acontecimiento sin precedentes, las cuatro mujeres que conformamos la familia Sánchez Salas decidimos ir a terapia grupal. La verdad es que durante muchísimos años nos fue difícil comunicarnos. Las palabras no fluían entre nosotros. Yo, por ejemplo, siempre terminaba con un nudo en la garganta y con la sensación de que no había dicho nada de lo que tenía planeado. Resultaba incómodo expresarnos, nos ganaba la vergüenza. Frases cariñosas estaban reservadas para ocasiones muy especiales, quizás Navidad y Año nuevo.
De un tiempo para acá, todos hemos hecho un esfuerzo por cambiar esta situación, y fue sorprendente ir descubriendo en cada plática, más y más dolores individuales. Definitivamente todas necesitábamos desahogarnos, por lo que acudimos el sábado al mediodía con una terapeuta familiar que nos pidió presentarnos y explicar por qué estábamos ahí.
En pocos minutos comenzó el lloradero, y al estar en un espacio neutral, nos aventamos a decir sin rodeos las preocupaciones, molestias y cualidades que nos afectan de manera profunda, aunque a veces digamos lo contrario.
Por lo pronto, me quedó muy claro que mi adicción lastima a las cuatro personas que más quiero, que caigo en incongruencias a cada momento y que la forma de ser de mi papá, quien por cierto se negó rotundamente a acompañarnos, me ha confundido y conflictuado desde que era una niña.
Esto se va a poner denso, pero no retiramos lo dicho. Venga, familia.
De un tiempo para acá, todos hemos hecho un esfuerzo por cambiar esta situación, y fue sorprendente ir descubriendo en cada plática, más y más dolores individuales. Definitivamente todas necesitábamos desahogarnos, por lo que acudimos el sábado al mediodía con una terapeuta familiar que nos pidió presentarnos y explicar por qué estábamos ahí.
En pocos minutos comenzó el lloradero, y al estar en un espacio neutral, nos aventamos a decir sin rodeos las preocupaciones, molestias y cualidades que nos afectan de manera profunda, aunque a veces digamos lo contrario.
Por lo pronto, me quedó muy claro que mi adicción lastima a las cuatro personas que más quiero, que caigo en incongruencias a cada momento y que la forma de ser de mi papá, quien por cierto se negó rotundamente a acompañarnos, me ha confundido y conflictuado desde que era una niña.
Esto se va a poner denso, pero no retiramos lo dicho. Venga, familia.
lunes, 10 de junio de 2013
De a solapa
Ya borré como 4 veces el primer parrafito de este post. No sé cómo decirlo sin que suene ridículo, pero bueno, ya, acabemos pronto. He pasado mucho tiempo sola desde hace como un mes y medio. No fue por voluntad propia, más bien me fui encontrando con que menos y menos personas tenían la tarde o la noche libre para hacer cualquier cosa. En el mejor de los casos, me desesperaba, me entristecía y terminaba sin hacer nada. Otra opción era hablarle a cualquier muchacho para que viniera a mi rescate. Jamás tuve éxito. La verdad es que no me daba la gana estar sola. Ahora sé que puedo y que no pasa nada, pero en ese momento me deprimía mucho. Decidí hacer las cosas sin acompañantes, nomás para probar, para recordar cómo había sido mi vida antes de ese primer novio...
Desde que cambié mi actitud, he leído y dibujado mucho. También he hecho un poco de ejercicio y he usado mi bici para llegar a todos lados. Retomé algunos textos que tenía "enlatados" y ya están en las últimas correcciones para ver la luz. Gracias a esos momentos de silencio, me he vuelto un poquito más paciente. Quizá hasta me conozco mejor por tanta contemplación.
Yo no quería hacerlo pero me vi obligada por las circunstancias, y la verdad, me siento mejor.
Bienvenida, soledad. Quédate todo el tiempo que sea necesario.
Desde que cambié mi actitud, he leído y dibujado mucho. También he hecho un poco de ejercicio y he usado mi bici para llegar a todos lados. Retomé algunos textos que tenía "enlatados" y ya están en las últimas correcciones para ver la luz. Gracias a esos momentos de silencio, me he vuelto un poquito más paciente. Quizá hasta me conozco mejor por tanta contemplación.
Yo no quería hacerlo pero me vi obligada por las circunstancias, y la verdad, me siento mejor.
Bienvenida, soledad. Quédate todo el tiempo que sea necesario.
lunes, 1 de abril de 2013
The coolest kid in town
Cuando tienes veintitantos, la creencia general dicta que nunca más te pasarán cosas tan emocionantes y espontáneas como cuando eras adolescente. Puedes buscarlas, provocarlas, y desearlas con todo el corazón, pero no se siente igual.
Y luego un día te vas a Guadalajara, arañas las paredes porque estás encerrada en un hotel, haces un par de llamadas, y horas después, pum. Ahí está, ahí está el sentimiento que pensabas nunca volvería. La sonrisota, los ojos bien abiertos, las cervezas artesenales, un pésimo plan de última hora que sale bien.
Todo salió bien. Suena raro decirlo, pero TODO salió bien.
Hay momentos tan felices que se convierten en historias. Y esta es de las mejores en mi repertorio, de esas que levantan el ánimo y dan esperanza a los románticos empedernidos. De esas que cuando sea una abuelita (en caso de que algún día tenga hijos y esos hijos tengan hijitos) le contaré a mis nietAs para que sepan que sí pasan cosas bonitas en la vida.
Tengo ganas de que la historia siga, pero todo parece indicar que no es conveniente. Y yo, que nunca he considerado esas nimiedades y me aviento como si no hubiera mañana, me estoy aguantando como nunca.
Miss you, poquito, R.
Y luego un día te vas a Guadalajara, arañas las paredes porque estás encerrada en un hotel, haces un par de llamadas, y horas después, pum. Ahí está, ahí está el sentimiento que pensabas nunca volvería. La sonrisota, los ojos bien abiertos, las cervezas artesenales, un pésimo plan de última hora que sale bien.
Todo salió bien. Suena raro decirlo, pero TODO salió bien.
Hay momentos tan felices que se convierten en historias. Y esta es de las mejores en mi repertorio, de esas que levantan el ánimo y dan esperanza a los románticos empedernidos. De esas que cuando sea una abuelita (en caso de que algún día tenga hijos y esos hijos tengan hijitos) le contaré a mis nietAs para que sepan que sí pasan cosas bonitas en la vida.
Tengo ganas de que la historia siga, pero todo parece indicar que no es conveniente. Y yo, que nunca he considerado esas nimiedades y me aviento como si no hubiera mañana, me estoy aguantando como nunca.
Miss you, poquito, R.
Todo revuelto
Siempre me quejo de que nadie lee lo que escribo y ahora que veo un par de comentarios por ahí, no me siento tan cómoda. He publicado cosas demasiado íntimas, y no me arrepiento, pero creo que la adultez me pega poco a poco y ahora siento que sería más conveniente un poco de mesura y más filtros para publicar cosas.
Últimamente he estado recordando muchas de las historias "graciosas" que siempre cuento y hay demasiados osos presentes. Demasiados. De esos que ya no te dan risa sino que te duelen un poquito. Hay cosas de las que quisiera no acordarme, y muchas otras que me hacen dudar de quién soy. No culparé al alcohol, siempre presente en estas anécdotas. Culpo a mi falta de auto control, a mi desesperación, a mi aparente indiferencia frente al ridículo. Quisiera ahorrarme otra experiencia de esas, en la medida de lo posible, y ya tomé acciones concretas al respecto. Las palabras "dignidad" y "auto-respeto" nunca habían cobrado tanta importancia.
Ya bajé 8 kilos. También tengo más de un mes sin hablar ni buscar ni anhelar al sujeto ese. Tomé una decisión importante respecto al trabajo. Estoy a punto de terminar el libro que boté hace tiempo. Todo en orden con las medicinas... Dice mi mamá que enumerando mis logros, me sentiré mejor conmigo misma. Es algo que no he intentado, ser mucho más optimista. Time to give it a try...
lunes, 4 de marzo de 2013
Últimamente...
Aquí va una lista de las cosas que me desagradan de mi misma pero que tengo aceptar si quiero alcanzar un poco de "paz".
1. Mis ojeras, arrugas y demás signos de la edad. No puedo hacer nada para desaparecerlos. Digo, hago mi mejor esfuerzo comprando cremitas y esas cosas, pero la verdad no hay ninguna diferencia.
2. El hecho de que me digan "señora" todos los pinches días de mi vida. Tampoco puedo hacer nada al respecto. Estoy adelgazando poco a poco y supongo que eso ayudará a verme de 25, sin embargo, tiene que dejar de molestarme.
3. Mi gran gran nariz. Si bien no odio mi cara ni me siento horrenda, no me gusta mi perfil. Me pongo nerviosa si alguien me está viendo desde ese ángulo y procuro no reirme para no parecer aguilita. Qué mamada, ¿no?
4. Que cierta persona nunca se haya decidido. A pesar de que todos me advirtieron lo que sucedería, no hice caso, como siempre, y terminé formando parte de un cagadero laboral y sentimental. Ahora que ya corté contacto con el sujeto, he notado que constantemente imagino otros desenlaces más favorables, que no se van a hacer realidad. Por lo tanto, urge que me resigne al 100% y mire hacia otro lado.
5. Que sin las medicinas no soy nada. Es un hecho, nomás dejo de tomarlas y pierdo el control. El control sobre mis emociones, impulsos, lo que como, lo que bebo, etc. No debo dejar de tomarlas, realmente las necesito.
1. Mis ojeras, arrugas y demás signos de la edad. No puedo hacer nada para desaparecerlos. Digo, hago mi mejor esfuerzo comprando cremitas y esas cosas, pero la verdad no hay ninguna diferencia.
2. El hecho de que me digan "señora" todos los pinches días de mi vida. Tampoco puedo hacer nada al respecto. Estoy adelgazando poco a poco y supongo que eso ayudará a verme de 25, sin embargo, tiene que dejar de molestarme.
3. Mi gran gran nariz. Si bien no odio mi cara ni me siento horrenda, no me gusta mi perfil. Me pongo nerviosa si alguien me está viendo desde ese ángulo y procuro no reirme para no parecer aguilita. Qué mamada, ¿no?
4. Que cierta persona nunca se haya decidido. A pesar de que todos me advirtieron lo que sucedería, no hice caso, como siempre, y terminé formando parte de un cagadero laboral y sentimental. Ahora que ya corté contacto con el sujeto, he notado que constantemente imagino otros desenlaces más favorables, que no se van a hacer realidad. Por lo tanto, urge que me resigne al 100% y mire hacia otro lado.
5. Que sin las medicinas no soy nada. Es un hecho, nomás dejo de tomarlas y pierdo el control. El control sobre mis emociones, impulsos, lo que como, lo que bebo, etc. No debo dejar de tomarlas, realmente las necesito.
domingo, 20 de enero de 2013
Curiosidades de domingo
1. Mis papás encontraron brujería cerca de la casa. Muy cerca, diría yo. En su afán por mantener bonito el baldío-bosque que está justo detrás del jardín, mi papá andaba regando el pasto, barriendo las hojas, y removiendo la tierra de algunos arbolillos. En eso andaba cuando su palita, o rastrillo, o no sé que herramienta estaba usando, topara con un frasco de vidrio enterrado a los pies de un árbol. Mi mamá no quiso pensar en brujería y comentó que tal vez era un deseo de año nuevo, que la gente también acostumbra a hacer esas cosas, pero cuál fue su sorpresa cuando abrieron el dichoso frasco y sacaron un envueltito con listones rojos. Quitaron un primer moño, desenvolvieron una tela y encontraron dos moños más, uno blanco y otro rojo. Estos mantenían enrollado un papel con la palabra "LALA" y cinco dibujos dispuestos en zig-zag. No quisieron describir a detalle los dibujos, pero mencionaron un ojo, la frase "oh dios!" y un cuchillo ensangrentado, que por cierto era el último y probablemente el objetivo del hechizo. Un poco desconcertados, miraron el árbol y notaron que también tenía algunas marcas. Destruyeron el papel con agua, rompieron el frasco y aventaron los pedazos "lejos" de la casa.
Todo esto nos lo contaron en la comida.
2. Hoy iba a ver a una amiga de la universidad que quiero mucho. No nos juntamos muy seguido, ella ya es mamá y esposa, y yo trabajo como una esclava. En fin, hoy se nos haría echar café cual doñitas, ritual al que todas las amigas verdaderas no pueden faltar, pero el estúpido destino o mi poca pericia al manejar arruinaron nuestro plan. Caí fuerte en un bache, el rin se dobló y a la llanta se le salía el aire irremediablemente. Tuve que cancelarle a Ikerne y mi papá me ayudó a cambiar "el neumático". Fue un bonito momento padre-hija.
3. Fui a costco a comprar dulces pa "la tiendita". También compré abundante fruta y verdura, para mi dieta. No sé cómo explicarlo pero es la primera vez que me siento realmente comprometida a cuidar mi alimentación. Estoy motivada. Claro, apenas va una semana, pero no fue nada mala. Tengo voluntad y puedo controlar mis impulsos. Es chingón ver eso en uno, dan ganas de retomar el control en todos los aspectos posibles. Justo lo que necesitaba.
4. He estado a punto de iniciar otro ciclo de pensamientos obsesivos, esta vez relacionados con cierto muchacho, pero me he ordenado parar, y lo he logrado. Las cosas serían mucho más fáciles si no lo viera todos los días en el trabajo. En fin, sé que puedo y debo darle vuelta a la página.
En resumen, fue un buen domingo. Ahora me voy a skypear con mi francesito. Au revoir.
jueves, 17 de enero de 2013
Auto palmaditas
En mi computadora hay un archivo que se llama "Mi futura carrera de MC". Hoy, que me dieron ganas de terminar unas rimas pendientes, lo abrí para transcribir mis notas. Según yo, sólo tenía como 3 "raps" terminados y me sorprendí mucho al ver que llevo varios más y que encima, uno de ellos está súper cabrón. El asunto del que trata es demasiado íntimo como para subirlo a la interné, pero en verdad, estoy sorprendida! Si fuera un productor me diría "tienes talento", ja.
Bueno, después del auto halago, ahora sí, me voy a escribir lo que me falta...
Bueno, después del auto halago, ahora sí, me voy a escribir lo que me falta...
jueves, 10 de enero de 2013
Deseos importantes
1. Abrir a ese vato.
2. Tomar las medicinas ordenada y constantemente.
3. No lastimar ni avergonzar a mis padres.
4. No avergonzarme a mi misma.
5. Procurar y explotar mi potencial.
6. Ser más discreta con mis asuntos personales.
7. Pasar más tiempo conmigo misma, en silencio y sin evasión.
8. Leer más.
9. Hacer más cosas yo sola.
10. Llevar un registro en video.
11. Perdonarme a mi misma y a los demás.
12. Olvidar esas cosillas insignificantes que han originado pequeños rencores.
13. Cuidar de mi cuerpo.
Pero sin duda lo que más quiero es llegar al fondo del "asunto". ¿Que no puedo dejar ir y porqué? ¿Por qué todas las emociones se transforman en dolor? ¿Por qué no quiero cambiar tanta cosa que me tiene estancada? ¿Por qué me victimizo? ¿Porqué me da miedo estar sola, si antes no me pasaba? O si?
2. Tomar las medicinas ordenada y constantemente.
3. No lastimar ni avergonzar a mis padres.
4. No avergonzarme a mi misma.
5. Procurar y explotar mi potencial.
6. Ser más discreta con mis asuntos personales.
7. Pasar más tiempo conmigo misma, en silencio y sin evasión.
8. Leer más.
9. Hacer más cosas yo sola.
10. Llevar un registro en video.
11. Perdonarme a mi misma y a los demás.
12. Olvidar esas cosillas insignificantes que han originado pequeños rencores.
13. Cuidar de mi cuerpo.
Pero sin duda lo que más quiero es llegar al fondo del "asunto". ¿Que no puedo dejar ir y porqué? ¿Por qué todas las emociones se transforman en dolor? ¿Por qué no quiero cambiar tanta cosa que me tiene estancada? ¿Por qué me victimizo? ¿Porqué me da miedo estar sola, si antes no me pasaba? O si?
lunes, 3 de septiembre de 2012
Duro y directo
Horas de masacre emocional del peor tipo: familiar.
Sin duda, es doloroso que tus propios padres te digan que hiciste todo mal pero vale la pena reflexionar un poco al respecto (también vale la pena ignorar las cosas más hirientes que se dijeron, ya saben, por salud mental).
Punto número uno: urge que vuelvan los medicamentos. Rivotril, ven a mi.
Punto número dos: aparentemente voy por la vida dando la impresión de que estoy desesperada por amor. Yo digo que no. MMM ok, podría ser. Intentaré cambiar eso.
Punto número tres: aún soy ingenua, inocente y tengo muy buen corazón. Ay, mi mamá. Lo que quiso decir es que estoy bien pendeja.
Punto número cuatro: debo invertir más tiempo (y dinero) en las cosas verdaderamente importantes como la salud, psicólogos, gimnasio, apariencia personal, etc. TODO ENFOCADO EN MI.
Punto número cinco: nunca jamás ofrecer ayuda económica al vato en turno.
Punto número seis: toma mucho tiempo conocer a una persona, y mientras no sepas bien qué onda, NO lo involucres en todos y cada uno de los ámbitos en que te desenvuelves.
Punto número siete: suena mal, pero es absolutamente cierto y se comprueba hasta que se experimenta, jamás tengas algo que ver con gente que no está a tu nivel. Léase educación, clase social, etc. etc.
Punto número ocho: que dice mi papá que no eres un chichifo, sino un limosnero.
Punto número nueve: que no se pierda la bonita costumbre de reir ante estos pequeños golpes de la vida.
Cambio y fuera.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Obsesión~compulsión
Siento que aún tengo muchas cosas por decir. Pero ¿de qué serviría si no provocan absolutamente nada en ti?
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lunes, 6 de agosto de 2012
A mi hijo
Primero decía que sí quería tener hijos, luego que no. Ahora que tengo 25 años, una edad digamos "adecuada" para tomar más en serio esa clase de decisiones, no sé qué pensar. Desde que mi hermana y algunas amigas se casaron, no he parado de pedirles, a la menor provocación, que me den un sobrino. Un humanito al cual comprarle ropa y zapatos el triple de adorables que los de tamaño normal. Un cabezón babeante y alegre, sin prejuicios ni miedos ni odios ni tristezas. Un genio potencial.
Eso me llevó a pensar que tal vez, sólo tal vez, realmente me gusten los bebés. Quizá hasta podría tener el mío, y algún lejano día, cuando ya sea grande y autosuficiente, mostrarle esta "carta".
Querido hijo: Siempre quise que fueras niño. Las niñas la verdad no me caen muy bien, y además dicen que los hombres siempre son más apegados a las mamás. Sabes? todos los adultos se la pasan diciendo que ser papá es lo mejor del mundo, pero no les creas. Con el tiempo descubrirás que mienten a cada oportunidad. Y no es que no te quiera, al contrario, seguramente serás lo más preciado que haya en mi vida, pero ¿te das cuenta a dónde veniste a parar? Tienes una mamá muy inestable. Perdóname, pero tu presencia no cambió eso, más bien lo acentuó. Los miedos que tienen todos los padres primerizos se vuelven extremos por mi caguengue naturaleza. Y aunque siempre me ha gustado pensar que podría ser una mamá muy relajada, no descartes la palabra "sobreprotección" de tu vocabulario. Ay hijito, ¿qué tal si sales malo para la escuela? no, no, ya me adelanté mucho. ¿Qué tal si no quieres hablar, si no puedes avisar cuando quieras ir al baño, si tu caminar torpe nunca se compone? ¿qué pasaría si naces con alguna enfermedad? De entrada, tu llegada al mundo va a ser más traumática de lo normal, pues los partos naturales están descartados para mi. Un señor con un cuchillo me va a abrir la panza y te va a sacar aunque tú te resistas con todas tus fuerzas. Y quién sabe si te veré con ojos de amor cuando te muestren ante mi lleno de sangre y otros fluidos de dudosa composición, será hasta que te limpien y encobijen que tendremos nuestro primer momento a solas, y ya me veo intentando cargarte torpemente para que no se te lastime la mollera. Pasado el primer encuentro, tu papá y yo, si es que no resulta un pelmazo, haremos nuestro mejor esfuerzo porque tengas una vida feliz. Y comenzará el difícil proceso de educarte, alimentarte y crearte hábitos. ¿Sabías que tu mami es adicta al azúcar? ¿sabías que la lechuga es la única verdura que consumo con cierta regularidad? ¿sabías que mi comida favorita son las hamburguesas acompañadas de una malteada? ¿Cómo alimentarte sanamente cuando yo soy una versión moderada de Homero Simpson? Ah, por cierto, nunca me interesó aprender a cocinar. De ahí que todas las noches comas quesadillas. Ay, bebé, ¿qué va a pasar si eres gordito? Yo, definitivamente, no quiero que sufras, y déjame decirte de una vez que la gente gorda sufre más que cualquiera. Esa es una verdad U-NI-VER-SAL, y aunque yo trate de ocultarla con palabras cariñosas y apodos chistositos, algo dentro de ti no te permitirá sentirte bien. Y yo puedo ser como mi papá, o sea tu abuelo, y recordarte todos los días que cuando dejes de estar gordito estarás más bonito, o puedo ser como mi mamá, tu abuela, y defenderte de los que te atacan, dejarte comer lo que quieras para que te sientas libre. Como sea, ya lo veo venir, en el futuro me culparás de tus traumas, asi que la opción que elija es lo de menos. Y cuando entres a la escuela, no podré evitar molestarme si no sacas diez. Y es que, ¿cómo no vas a poder, si yo pude? Prepárate para la presión. Me agobia escribir todo esto y pensar en los cientos y cientos de detalles que estoy omitiendo. Por ejemplo, ¿qué va a pasar cuando me preguntes por las drogas y yo tenga que contarte que fui una ferviente consumidora durante algunos años? ¿Serás más razonable que yo u optarás por la rebeldía? ¿Sentiré igual de feo que mi mamá el día que encontró mis pipas cuando encuentre las tuyas? ¿Me asomaré por la ventana, como lo hizo mi papá, al verte salir luego de oler la marihuana en tu cuarto? ¿Cómo hacerte entender que eso es malo cuando yo lo hice durante tanto tiempo? ¿Qué ejemplos te voy a dar? ¿Con qué calidad moral podré educarte? ¿Serás cariñoso y noble con los que te rodean o serás más bien burloncito como tu madre? ¿Podré darte ejemplos de sano amor y fidelidad mientras intento perdonarme por tantos errores cometidos? ¿Serás una persona de bien? Y si no lo eres, ¿es culpa mía? Lo siento mucho, hijo, te lo digo desde ahorita. Por favor perdóname si soy una mala madre. Que mi PREocupación sea una prueba de lo mucho que medité antes de traerte a este mundo para amarte a pesar de mi desastrosa personalidad. Pase lo que pase, acá te espero. Con mucho mucho amor e innegable angustia, Tu mamá.
martes, 15 de mayo de 2012
Respiro chiquito
Qué bien se siente hacer las cosas que uno quiere, aunque sea a cuentagotas. Un post en quien sabe cuánto tiempo, dos cuentos en 3 ó 4 meses...
Estoy satisfecha.
Extraños que extraño
1. Dino: Un muchacho de cabello largo, con el que hice click de inmediato y al que le dediqué innumerables noches cibernéticas, completamente inocentes, por cierto. Me dejó de hablar porque demoré mucho en tiempo en devolverle unas películas.
2. Lua: De mis primeros amigos en la Anáhuac. Siempre con esa maldita manía de estarse agarrando el cabello. Sensible, tal vez demasiado, pero un buen tipo en general. Nuestra amistad desapareció luego de aquel desagradable episodio en una banca de la facultad.
3. Emmanuel: Tuzo de nacimiento, lo conocí en el myspace. Viajó a chilangolandia por mi. Bebimos una cerveza y nos dimos un beso. Me fui a Canadá y optó por perderme la pista. Tenía un ojo de vidrio.
4. Carlitos: Ah, el adorable francés de la casa canadiense. Teníamos el mismo sentido del humor y siempre sabía dónde vendían las cosas más baratas. Le escribí una carta que le gustó mucho y nunca entendí porqué. Ahora vive en Holanda.
5. Peter: El otro habitante de la casa canadiense. Socialmente torpe, bebedor solitario. Increíblemente enternecedor. Tenía la piel muy rosada y el cabello muy negro. Recuerdo su risa y que alguna vez me llamó "dulce e inteligente".
6. Tyler: Cien por ciento canadiense. Aún tengo su teléfono anotado en uno de mis cuadernos. Alguna vez me invitó a patinar pero la cita no se concretó. Me confesó que tenía esquizofrenia y me llevaba del brazo cuando caminábamos sobre la nieve y el hielo.
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lunes, 27 de febrero de 2012
El meollo del asunto
Es difícil aceptarlo, pero supongo que sería peor evadirlo. El origen de mis supuestos problemas emocionales, además de la cosa cerebral, es que no me quiero nadita. No hay motivación en mi vida. Ni el novio ni el trabajo ni la familia me han hecho sentir diferente. Qué se hace en estos casos?
sábado, 26 de noviembre de 2011
Importante paréntesis
Antes de relatar la segunda parte de una de las noches más locas de mi vida, quiero contarles, amiguitos y amiguitas, varias cosillas en las que no dejo de pensar.
1) La primera y más importante, conocí al maestro José Emilio Pacheco. No platiqué con él, no estreché su mano, no le dije "Maestro, me encantan sus libros" o alguna pendejada de esas. Simplemente pude observarlo durante una hora, más o menos, mientras presenciábamos el homenaje a su esposa, Cristina Pacheco. Al principio me emocioné al saber que él estaría ahí, pero cuando lo vi sentado, sin poder sostener la cabeza firmemente y moviéndola compulsivamente, apoyando las manos en un bastón, me entristecí. Se veía tan viejito y tan indefenso, con pocos años de vida por delante... arrgg ¡no! Mi preocupación cedió un poco al notar que se mantenía muy atento a lo que los panelistas decían de su mujer, y que aplaudía con fuerza al finalizar las intervenciones. Cuando le llegó el turno a Cristina Pacheco, habló con la "elocuencia sencilla" que la caracteriza, pero sin duda, lo que más me conmovió, fueron las palabras que le dedicó a José Emilio. Curiosamente, no las incluyó en su discurso, sino que terminó, sin hacer ninguna alusión a él, para después sentarse. Unos segundos después se paró como resorte, e interrumpió a la maestra de ceremonias para pedir el micrófono y ahora sí, darle el lugar que el amor de su vida merece, con estas palabras:
Una vez terminado el homenaje, la gente se avalanzó sobre la periodista para llenarla de halagos y felicitaciones, mientras que el maestro José Emilio se hacía a un lado, esperando pacientemente a su esposa. Fue en ese momento cuando bastantes pubertas, seguramente de secundaria, época en la que GRACIAS AL SEÑOR te ponen a leer "Las batallas en el desierto", se le acercaron y le pidieron una fotografía. Pacheco accedió a todas y cada una de las peticiones, con una mirada un poco nerviosa, sin perder de vista a su inseparable Cristina.
2) Hablando de escritores y libros épicos, he estado comprando muchos últimamente, que esperan ser leídos adentro de una bolsa amarilla. Este fin de semana que estoy en casa de mis papás, me di cuenta que acá también me esperan muchos libros. Aún no termino el de Xavier Velasco, ni he comenzado con uno de Kapuscinski, ni varios de poesía que saqué de la biblioteca familiar, ni las novelas policiacas de Taibo II, ni la colección infantil que compré en la librería Alí Chumacero por un precio más que decente. Nuevamente, ARG! necesito hacerme tiempo para leer tanta chingonería, en vez de estar rebloggeando cosas en el tumblr.
3) Y para terminar con los libros, últimamente he masticado la idea de escribir algo para niños. De niña escribía cuentos, y leía uno tras otro, los libros de la colección "A la orilla del viento", entre muchas otras. Así que quiero pensar que poseo el conocimiento, aunque aún no decido qué tema podría tratar. Seguramente me decidiré por la historia de alguna niña gordita pero intrépida.
4) He estado teniendo muchos sueños relativos a animales, pero no son bonitos ni tiernos ni educativos. Por el contrario, son muy explícitos y en todos ellos, mueren cuyos, perros, gatos y hamsters por igual. Ahora mismo no recuerdo alguna causa de muerte, sólo sé que todos mueren dramática y violentamente por mi culpa. Despierto angustiada e incómoda, y me pongo a tragar como cerdo todo lo que esté a mi paso. Al mismo tiempo, he extrañado mucho a mi perro, que dicho sea de paso, lleva una vida decente desde hace apenas 2 años, ya que antes no le dábamos los cuidados necesarios, ni a él ni a su madre. Ahora ambos viven mucho más felices en un espacio amplio y limpio, no como antes que los teníamos amontonados en una terracita sucia. Tampoco los acariciábamos ni convivíamos con ellos, con el pretexto de que no sabían estar adentro de la casa, pero ahora procuramos sacarlos a pasear, acariciarlos, darles de vez en cuando jamón o salchicha como premio, y hasta les compramos unas camitas muy cómodas para que se den la vida de reyes que merecen. Sé que Frodo me quiere más que a cualquier miembro de esta familia, y es que yo soy la que más cariño le da. Siempre he pensado que se parece mucho a mi, es un perro loquito, nunca "maduró", para mi sigue actuando como un cachorro, por lo mismo, es muy noble y no hay maldad en él.
5) En otros temas igual de ridículos, luego de considerar seriamente operarme los pechos para aumentarlos de tamaño, y compartir este plan con varios amigos (hombres), me sorprendió muchos que todos comentaran cosas favorables sobre Bloc y Party (así se llaman), como que tienen un tamaño adecuado, que no mame, y demás graciosadas. Aunque seguramente termine gastando mi dinero en algo mejor, la idea no abandona mi mente y quien sabe, a lo mejor luego me topan en la calle y ya estoy bien buena. Ah, por que también he pensado seriamente en ponerme implantes en las nalgas.
FIN
1) La primera y más importante, conocí al maestro José Emilio Pacheco. No platiqué con él, no estreché su mano, no le dije "Maestro, me encantan sus libros" o alguna pendejada de esas. Simplemente pude observarlo durante una hora, más o menos, mientras presenciábamos el homenaje a su esposa, Cristina Pacheco. Al principio me emocioné al saber que él estaría ahí, pero cuando lo vi sentado, sin poder sostener la cabeza firmemente y moviéndola compulsivamente, apoyando las manos en un bastón, me entristecí. Se veía tan viejito y tan indefenso, con pocos años de vida por delante... arrgg ¡no! Mi preocupación cedió un poco al notar que se mantenía muy atento a lo que los panelistas decían de su mujer, y que aplaudía con fuerza al finalizar las intervenciones. Cuando le llegó el turno a Cristina Pacheco, habló con la "elocuencia sencilla" que la caracteriza, pero sin duda, lo que más me conmovió, fueron las palabras que le dedicó a José Emilio. Curiosamente, no las incluyó en su discurso, sino que terminó, sin hacer ninguna alusión a él, para después sentarse. Unos segundos después se paró como resorte, e interrumpió a la maestra de ceremonias para pedir el micrófono y ahora sí, darle el lugar que el amor de su vida merece, con estas palabras:
“Es posible que no tenga muchos lectores, pero tengo siempre uno. Desde muy tempranito se levanta y va por La Jornada y me dice suavemente 'salió tu texto'. Para corresponderle ese acto inmenso de generosidad lleno la casa con el olor del caf锿Se imaginan tener un amor así de bonito? Qué envidia, qué envidia y qué felicidad por aquellos que lo tienen.
Una vez terminado el homenaje, la gente se avalanzó sobre la periodista para llenarla de halagos y felicitaciones, mientras que el maestro José Emilio se hacía a un lado, esperando pacientemente a su esposa. Fue en ese momento cuando bastantes pubertas, seguramente de secundaria, época en la que GRACIAS AL SEÑOR te ponen a leer "Las batallas en el desierto", se le acercaron y le pidieron una fotografía. Pacheco accedió a todas y cada una de las peticiones, con una mirada un poco nerviosa, sin perder de vista a su inseparable Cristina.
2) Hablando de escritores y libros épicos, he estado comprando muchos últimamente, que esperan ser leídos adentro de una bolsa amarilla. Este fin de semana que estoy en casa de mis papás, me di cuenta que acá también me esperan muchos libros. Aún no termino el de Xavier Velasco, ni he comenzado con uno de Kapuscinski, ni varios de poesía que saqué de la biblioteca familiar, ni las novelas policiacas de Taibo II, ni la colección infantil que compré en la librería Alí Chumacero por un precio más que decente. Nuevamente, ARG! necesito hacerme tiempo para leer tanta chingonería, en vez de estar rebloggeando cosas en el tumblr.
3) Y para terminar con los libros, últimamente he masticado la idea de escribir algo para niños. De niña escribía cuentos, y leía uno tras otro, los libros de la colección "A la orilla del viento", entre muchas otras. Así que quiero pensar que poseo el conocimiento, aunque aún no decido qué tema podría tratar. Seguramente me decidiré por la historia de alguna niña gordita pero intrépida.
4) He estado teniendo muchos sueños relativos a animales, pero no son bonitos ni tiernos ni educativos. Por el contrario, son muy explícitos y en todos ellos, mueren cuyos, perros, gatos y hamsters por igual. Ahora mismo no recuerdo alguna causa de muerte, sólo sé que todos mueren dramática y violentamente por mi culpa. Despierto angustiada e incómoda, y me pongo a tragar como cerdo todo lo que esté a mi paso. Al mismo tiempo, he extrañado mucho a mi perro, que dicho sea de paso, lleva una vida decente desde hace apenas 2 años, ya que antes no le dábamos los cuidados necesarios, ni a él ni a su madre. Ahora ambos viven mucho más felices en un espacio amplio y limpio, no como antes que los teníamos amontonados en una terracita sucia. Tampoco los acariciábamos ni convivíamos con ellos, con el pretexto de que no sabían estar adentro de la casa, pero ahora procuramos sacarlos a pasear, acariciarlos, darles de vez en cuando jamón o salchicha como premio, y hasta les compramos unas camitas muy cómodas para que se den la vida de reyes que merecen. Sé que Frodo me quiere más que a cualquier miembro de esta familia, y es que yo soy la que más cariño le da. Siempre he pensado que se parece mucho a mi, es un perro loquito, nunca "maduró", para mi sigue actuando como un cachorro, por lo mismo, es muy noble y no hay maldad en él.
5) En otros temas igual de ridículos, luego de considerar seriamente operarme los pechos para aumentarlos de tamaño, y compartir este plan con varios amigos (hombres), me sorprendió muchos que todos comentaran cosas favorables sobre Bloc y Party (así se llaman), como que tienen un tamaño adecuado, que no mame, y demás graciosadas. Aunque seguramente termine gastando mi dinero en algo mejor, la idea no abandona mi mente y quien sabe, a lo mejor luego me topan en la calle y ya estoy bien buena. Ah, por que también he pensado seriamente en ponerme implantes en las nalgas.
FIN
Una noche, pt. 1
No sé si debería llamarle "LA noche". Por momentos me sentía en una crónica de Xavier Velasco, o mejor aún, en un pasaje alucinante escrito por José Agustín.
Sin expectativas de nada, mas que salir de juerga ese sábado porque somos jóvenes y eso es lo que los jóvenes hacen, A. y yo partimos a Vallejo para una fiesta de Halloween. Como buen jovenzuelo amargado, mi acompañante desprecia la costumbre de disfrazarse para divertirse, pero yo no me desanimé y decidí improvisar: un gorro con orejas, un poco de maquillaje, y listo. Un oso-gato-perro abordaba su auto a las 9 de la noche. Después de unos veinte minutos de agradable travesía por el periférico, llegamos al lugar de la cita. Edificios de departamentos amontonados, construidos sobre curvas interminables, ladrillos y rejas negras, y un silencio desconcertante conformaban la postal que invariablemente ilustran el primer recuerdo de esa noche. Nos tomó un poco de tiempo encontrar el departamento correcto, pero en diez minutos nos encontramos dentro de una habitación pequeña, con todos los muebles hechos a un lado, con música de banda a todo volumen y unas nueve o diez personas riendo y platicando. Nos sentamos en unas sillas, un poco extrañados por la peculiaridad de la fiesta, e inmediatamente, la anfitriona nos ofreció bebidas y botana. Una vez que terminamos nuestros tragos, las chicas que estaban sentadas justo enfrente de nosotros, nos ofrecieron otro enseguida, y rellenaron nuestro plato de botana. Parecía que estaban al pendiente de todos nuestros movimientos, pero no con malas intenciones, al contrario, querían atendernos de la mejor manera posible. Sintiéndome extraña por tanta atención, decidí hacer lo propio con los asistentes. A la derecha, una pareja que rondaba los veintitantos, a todas luces aburrida, platicaba sobre cosas seguramente irrelevantes. Al centro, la mesa con los refrescos y las botanas, abundantes para la poca gente que había. Luego, un hada sangrienta, una porrista maldita y una gatúbela que tendrían 18 ó 19 años platicaban y reían escandalosamente. Continuando con el paneo, y mirándome fijamente, dos niñas, una vestida de diabla y otra de espantapájaros, me hacían la plática sobre mi nombre, mi disfraz, y mi celular.
Después de esa rápida inspección, A. y yo coincidimos en que había algo extraño en esa fiesta. Extraño pero no peligroso, extraño pero no desagradable. En fin, seguimos bebiendo atendidos por las chicas que no paraban de fumar y cantar. Después de una media hora, nuevos invitados llegaron, y me dio mucha risa ver sus caras de niños, de no más de quince años, pero su actitud supuestamente ruda y conocedora. Uno de ellos portaba incluso el famoso look reggaetonero, con ceja depilada, flequito de fraile y ropa ajustada con mucho bling bling. Cargaban con un cartón de caguamas, que no tardaron en compartir con todo el que quisiera, y se notaba que estudiaban a las ahí presentes, para emitir un veredicto sobre cuál estaba mejor.
En esas estaba cuando la espantapájaros se sentó al lado de mi y me preguntó mi edad. Le dije que 24 y ella dijo que tenía 11. Aunque su cara redonda hacía evidente que estaba chica, de todas formas me sorprendió estar en una fiesta con una niña. Empecé a observar con detenimiento a las otras y le pregunté, muerta de curiosidad, por sus edades. Todas tenían trece años. ¡¿Qué?! ¡¿Trece años?! El impacto fue muy grande. Me sentí como una señora, en una fiesta con niñas once años más chicas que yo, que tomaban y cantaban y bailaban y habían invitado despreocupadamente a los niños "ruditos" que se encontraron en la calle horas antes. Luego de atragantarme con la coca cola, decidí hacer a un lado esa parte doña de mi personalidad, no juzgar absolutamente nada y simplemente disfrutar la fiesta. Bailé un poco con las eufóricas, y hasta platiqué con uno de los barrio ahí presentes, que ocultaba algo en su chamarra y nunca quiso decirme qué era. Luego de un rato, comenzamos a recibir llamadas de un amigo, y emprendimos la huida. Ya en el auto comentamos riendo lo bizarro de la fiesta, de las niñas y sus invitados, de la música, y hasta de las bebidas, una cosa roja con limón que sabía a gomitas y sangría. Me dio gusto haberla pasado bien, y notar que A. también la había pasado bien, a pesar de su acostumbrada apatía. Con buen sabor de boca, desfilamos esta vez por la gustavo baz, para recoger a nuestro amigo, y una vez juntos, partimos hacia el centro, pensando que la noche se había puesto chingona. No teníamos idea de todo lo que faltaba...
Sin expectativas de nada, mas que salir de juerga ese sábado porque somos jóvenes y eso es lo que los jóvenes hacen, A. y yo partimos a Vallejo para una fiesta de Halloween. Como buen jovenzuelo amargado, mi acompañante desprecia la costumbre de disfrazarse para divertirse, pero yo no me desanimé y decidí improvisar: un gorro con orejas, un poco de maquillaje, y listo. Un oso-gato-perro abordaba su auto a las 9 de la noche. Después de unos veinte minutos de agradable travesía por el periférico, llegamos al lugar de la cita. Edificios de departamentos amontonados, construidos sobre curvas interminables, ladrillos y rejas negras, y un silencio desconcertante conformaban la postal que invariablemente ilustran el primer recuerdo de esa noche. Nos tomó un poco de tiempo encontrar el departamento correcto, pero en diez minutos nos encontramos dentro de una habitación pequeña, con todos los muebles hechos a un lado, con música de banda a todo volumen y unas nueve o diez personas riendo y platicando. Nos sentamos en unas sillas, un poco extrañados por la peculiaridad de la fiesta, e inmediatamente, la anfitriona nos ofreció bebidas y botana. Una vez que terminamos nuestros tragos, las chicas que estaban sentadas justo enfrente de nosotros, nos ofrecieron otro enseguida, y rellenaron nuestro plato de botana. Parecía que estaban al pendiente de todos nuestros movimientos, pero no con malas intenciones, al contrario, querían atendernos de la mejor manera posible. Sintiéndome extraña por tanta atención, decidí hacer lo propio con los asistentes. A la derecha, una pareja que rondaba los veintitantos, a todas luces aburrida, platicaba sobre cosas seguramente irrelevantes. Al centro, la mesa con los refrescos y las botanas, abundantes para la poca gente que había. Luego, un hada sangrienta, una porrista maldita y una gatúbela que tendrían 18 ó 19 años platicaban y reían escandalosamente. Continuando con el paneo, y mirándome fijamente, dos niñas, una vestida de diabla y otra de espantapájaros, me hacían la plática sobre mi nombre, mi disfraz, y mi celular.
Después de esa rápida inspección, A. y yo coincidimos en que había algo extraño en esa fiesta. Extraño pero no peligroso, extraño pero no desagradable. En fin, seguimos bebiendo atendidos por las chicas que no paraban de fumar y cantar. Después de una media hora, nuevos invitados llegaron, y me dio mucha risa ver sus caras de niños, de no más de quince años, pero su actitud supuestamente ruda y conocedora. Uno de ellos portaba incluso el famoso look reggaetonero, con ceja depilada, flequito de fraile y ropa ajustada con mucho bling bling. Cargaban con un cartón de caguamas, que no tardaron en compartir con todo el que quisiera, y se notaba que estudiaban a las ahí presentes, para emitir un veredicto sobre cuál estaba mejor.
En esas estaba cuando la espantapájaros se sentó al lado de mi y me preguntó mi edad. Le dije que 24 y ella dijo que tenía 11. Aunque su cara redonda hacía evidente que estaba chica, de todas formas me sorprendió estar en una fiesta con una niña. Empecé a observar con detenimiento a las otras y le pregunté, muerta de curiosidad, por sus edades. Todas tenían trece años. ¡¿Qué?! ¡¿Trece años?! El impacto fue muy grande. Me sentí como una señora, en una fiesta con niñas once años más chicas que yo, que tomaban y cantaban y bailaban y habían invitado despreocupadamente a los niños "ruditos" que se encontraron en la calle horas antes. Luego de atragantarme con la coca cola, decidí hacer a un lado esa parte doña de mi personalidad, no juzgar absolutamente nada y simplemente disfrutar la fiesta. Bailé un poco con las eufóricas, y hasta platiqué con uno de los barrio ahí presentes, que ocultaba algo en su chamarra y nunca quiso decirme qué era. Luego de un rato, comenzamos a recibir llamadas de un amigo, y emprendimos la huida. Ya en el auto comentamos riendo lo bizarro de la fiesta, de las niñas y sus invitados, de la música, y hasta de las bebidas, una cosa roja con limón que sabía a gomitas y sangría. Me dio gusto haberla pasado bien, y notar que A. también la había pasado bien, a pesar de su acostumbrada apatía. Con buen sabor de boca, desfilamos esta vez por la gustavo baz, para recoger a nuestro amigo, y una vez juntos, partimos hacia el centro, pensando que la noche se había puesto chingona. No teníamos idea de todo lo que faltaba...
miércoles, 5 de octubre de 2011
Nimiedades, otra vez
A veces pienso que nunca alcanzaré la ecuanimidad. Según yo estoy tranquila, y "PUM", algún putazo, cosquilla, sonrisa o pierna me tocan y me revuelven todo. Y la verdad es que prefiero que sea así a volverme poco a poco como una piedra; de antemano sé que eso pasaría si me reprimiera. Sin embargo, me molesta la facilidad con la que se alborotan mis entrañas. Soy como un hombre al que alguna güera oxigenada le enseña las tetas para conseguir cualquier cosa; fácil, así me siento.
Tienes cara como de roedor, y eso me gusta. Tu talla me da ternura y tu gusto musical es impecable. La desesperación con la que rellenas la pipa y te sirves los tragos me atrae irremediablemente. Supongo que podría decir que me gustas, pero ya está claro que me atraganto con muy poco pinole. Antes de "conocerte" (comillas y risas, por favor) estaba tan apaciguada... Qué ganas de regresar a ese estado. Las palabras que uso para describirme me recuerdan a un perrito, y es que no hay otra manera de ponerlo: una caricia en falso, y entonces me brillan los ojos y muevo el rabo sin parar. Patético, honestamente patético.
Me gustaría ser indiferente como tú. Más bien ausente, así como siempre estás. Pero la descarga eléctrica irregular del lóbulo derecho del encefalograma dice que no puedo. ¿Será eso? Estaré curada en dos años? Capacitada para relacionarme normalmente, sin sobresaltos, sin arrebatos, sin enamoramientos inmediatos? Dejaré de sentirme triste? de tener sueño? De recordar fantasmas que hace mucho me enterraron?
Me molestan las cosas que no son significativas, pero tal vez lo que no alcanzo a comprender es que a los veintitantos nada "DEBE" significar. La realidad es que seguimos siendo unos caguengues a lo mejor con trabajo, a lo mejor con carro, que aún no entienden nada.
De pronto me empieza a temblar la pierna, a dar calor, el cuarto se me hace chico y luego grande, una luz circular se aparece, me acuerdo de ti, un completo extraño, y caigo en cuenta de lo ridículo que es todo lo que siento. Entonces miro en los ojos de quien me acompaña tratando de agarrar el hilo de la conversación que hace mucho abandoné.
Tienes cara como de roedor, y eso me gusta. Tu talla me da ternura y tu gusto musical es impecable. La desesperación con la que rellenas la pipa y te sirves los tragos me atrae irremediablemente. Supongo que podría decir que me gustas, pero ya está claro que me atraganto con muy poco pinole. Antes de "conocerte" (comillas y risas, por favor) estaba tan apaciguada... Qué ganas de regresar a ese estado. Las palabras que uso para describirme me recuerdan a un perrito, y es que no hay otra manera de ponerlo: una caricia en falso, y entonces me brillan los ojos y muevo el rabo sin parar. Patético, honestamente patético.
Me gustaría ser indiferente como tú. Más bien ausente, así como siempre estás. Pero la descarga eléctrica irregular del lóbulo derecho del encefalograma dice que no puedo. ¿Será eso? Estaré curada en dos años? Capacitada para relacionarme normalmente, sin sobresaltos, sin arrebatos, sin enamoramientos inmediatos? Dejaré de sentirme triste? de tener sueño? De recordar fantasmas que hace mucho me enterraron?
Me molestan las cosas que no son significativas, pero tal vez lo que no alcanzo a comprender es que a los veintitantos nada "DEBE" significar. La realidad es que seguimos siendo unos caguengues a lo mejor con trabajo, a lo mejor con carro, que aún no entienden nada.
De pronto me empieza a temblar la pierna, a dar calor, el cuarto se me hace chico y luego grande, una luz circular se aparece, me acuerdo de ti, un completo extraño, y caigo en cuenta de lo ridículo que es todo lo que siento. Entonces miro en los ojos de quien me acompaña tratando de agarrar el hilo de la conversación que hace mucho abandoné.
lunes, 25 de julio de 2011
Tú, yo y Amy Winehouse
La noticia de la muerte de Amy Winehouse me cayó como patadas en la nuca. Poco después, caí en cuenta que me dolía "de más" porque estoy segura de que te sentiste igual.
Dejaré de lado las reseñas de su vida, que ya hicieron todas las revistas y periódicos (todas iguales, por cierto) para explicar que, por ridículo que parezca, yo al igual que miles de personas, me sentí totalmente conectada a su música y a ese sentimiento de dependencia y desesperación originados por el des-amor.
Cuando la Rolling Stone sacó ese reportaje, retratando con precisión sus ganas locas de atender a Blake Fielder, acurrucándose contra él a la menor provocación y dándole la mitad de comida que había en su plato, sin originar respuesta alguna en el destinatario, sonreí y me acordé de ti.
De cuando escuchamos su disco, una y otra y otra vez. Cuando jugamos a ver quién encontraba la foto más rara o desconocida. Pensé que había ganado al mandarte una de cuando estaba en la primaria. Me dijiste que ya la habías visto. Nunca pude ganar.
De cuando encontré el EP que grabó, y te lo puse, cosa que te molestó porque yo nunca debía enseñarte nada nuevo, eras tú el que siempre sabía más de música y más de todo.
De cuando "Tears dry on their own" alcanzó las 158 reproducciones en la compu, porque ya no estabas. Y de cuando "volviste" y la primera canción que incluí en el disco que te grabé, era esa misma.
Aghhhh, necesito nuevos recuerdos. Muchos, que se amontonen y se encimen unos con otros para ya no volver a estos, tan viejos y gastados.
Dejaré de lado las reseñas de su vida, que ya hicieron todas las revistas y periódicos (todas iguales, por cierto) para explicar que, por ridículo que parezca, yo al igual que miles de personas, me sentí totalmente conectada a su música y a ese sentimiento de dependencia y desesperación originados por el des-amor.
Cuando la Rolling Stone sacó ese reportaje, retratando con precisión sus ganas locas de atender a Blake Fielder, acurrucándose contra él a la menor provocación y dándole la mitad de comida que había en su plato, sin originar respuesta alguna en el destinatario, sonreí y me acordé de ti.
De cuando escuchamos su disco, una y otra y otra vez. Cuando jugamos a ver quién encontraba la foto más rara o desconocida. Pensé que había ganado al mandarte una de cuando estaba en la primaria. Me dijiste que ya la habías visto. Nunca pude ganar.
De cuando encontré el EP que grabó, y te lo puse, cosa que te molestó porque yo nunca debía enseñarte nada nuevo, eras tú el que siempre sabía más de música y más de todo.
De cuando "Tears dry on their own" alcanzó las 158 reproducciones en la compu, porque ya no estabas. Y de cuando "volviste" y la primera canción que incluí en el disco que te grabé, era esa misma.
Aghhhh, necesito nuevos recuerdos. Muchos, que se amontonen y se encimen unos con otros para ya no volver a estos, tan viejos y gastados.
jueves, 14 de julio de 2011
Nota para ti
Mi dashboard dice que tengo seis seguidores, pero yo espero que sean menos los que leen esto. Me sorprendo al repasar viejos posts como el de mi viaje a canadá, o mis recuerdos infantiles, y darme cuenta en qué se ha convertido mi blog. En qué me he convertido yo. Creo que siempre he sido la misma, nada más que ya perdí la vergüenza. No me importa que mi hermana o mi mamá, ansiosa de leer lo nuevo que ha escrito su hijita, se tope con algo digno de una vieja amargada y marchita, sin las motivaciones juveniles que yo tendría que poseer, porque claro, tengo toda la vida por delante.
Alguna vez me dijeron "Me da pena saber que estás triste, y es que tu blog no dice otra cosa". Sentí vergüenza, de entrada nomás, porque después me entró una risita al recordar con alivio que somos mucho más complejos que unas palabritas que escribamos por aquí o por allá. Yo he querido hacer de este blog mi tiradero emocional, y si tú o tú o tú alguna vez se preocuparon, déjenme decirles que estoy muy bien. Tengo familia y tengo amigos y un trabajo que me reta a cada momento. Tengo también, por otro lado, un hartazgo y un aburrimiento absolutos, que no he sabido como quitar. Si acaso, he entendido que ni las drogas ni los hombres funcionan.
Dos semanas sobria, y ya me otorgo una breve sonrisa de ánimo, al notar que no he olvidado los nombres de dos o tres personas que me presentaron esta semana, que las paredes no se me vienen encima y que el ansia aún no aparece.
Bien por mi. Muy bien.
Alguna vez me dijeron "Me da pena saber que estás triste, y es que tu blog no dice otra cosa". Sentí vergüenza, de entrada nomás, porque después me entró una risita al recordar con alivio que somos mucho más complejos que unas palabritas que escribamos por aquí o por allá. Yo he querido hacer de este blog mi tiradero emocional, y si tú o tú o tú alguna vez se preocuparon, déjenme decirles que estoy muy bien. Tengo familia y tengo amigos y un trabajo que me reta a cada momento. Tengo también, por otro lado, un hartazgo y un aburrimiento absolutos, que no he sabido como quitar. Si acaso, he entendido que ni las drogas ni los hombres funcionan.
Dos semanas sobria, y ya me otorgo una breve sonrisa de ánimo, al notar que no he olvidado los nombres de dos o tres personas que me presentaron esta semana, que las paredes no se me vienen encima y que el ansia aún no aparece.
Bien por mi. Muy bien.
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